Aunque para muchas personas en el mundo abrir una llave y obtener agua potable es una práctica cotidiana en la que ni siquiera se piensa, aún en los inicios del siglo XXI, la provisión de este servicio continúa siendo una necesidad sentida de muchas localidades rurales de Colombia. Esto muy a pesar de que el Estado y las comunidades reconocen la importancia de consumir agua potable, por su contribución al mejoramiento de la calidad de vida de la población y especialmente de niños y niñas. Para nadie es un secreto que el consumo de agua potable permite a los seres humanos incrementar su calidad de vida a través de unos mayores niveles de salubridad y a partir de allí recibir otro tipo de beneficios, por ejemplo disminuyendo los gastos en facturas médicas por enfermedades de origen hídrico que afectan principalmente a la población infantil o reduciendo el consumo de energía eléctrica y su gasto asociado debido a que no se requiera hervir el agua antes de tomarla.