La toma del Palacio de Justicia, el régimen y el manejo del estado.
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Resumen en español
Para los hombres de todos los tiempos los hechos pasados cobran el brillo de gestas épicas, realizadas por hombres irremplazables, irrepetibles. El presente, el que ellos viven, se les presenta como algo cotidianamente simple, hecho por hombres simples; acontecimientos triviales, bien que dolorosos, que obedecen a intereses mezquinos en tanto que los otros tenían móviles de un alcance más que humano o al menos bellamente humano. La razón de esta ilusión óptica es que los hombres se hallan demasiado envueltos en su propio presente mientras que ya están, por así decirlo, a salvo del pasado, que sólo les es mostrado en los libros. También es cierto que los hombres conocen —o creen conocer— tan bien a sus contemporáneos como para elevarlos a la categoría de héroes, para sublimarlos. Los hombres del pasado ya no son inofensivos. El tiempo, que todo lo lava, ha de dejar a estos hombres y los acontecimientos en que se hallan envueltos o que ellos mismos gestan en su dimensión más histórica, mostrando sus aristas menos cotidianas; lo historiable no es lo cotidiano. La historia, pues, así entendida, es hechura del tiempo y esto hace imposible que se escriba a medida que va transcurriendo. Necesitamos el tiempo y la instancia, la perspectiva que no podemos lograr por estar demasiado inmersos en ¡o que pretendemos historiar.

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