La literatura carnavalizada debe caracterizarse por una intención política transgresora, que asuma todos los lenguajes canónicos y elitistas, con sus variantes internas, para parodiarlos y ridiculizarlos al máximo. El carnaval será un atajo para liberar al presente de toda historicidad. En esta literatura se inscribe la novela, El toque de Diana, que presenta una realidad trastocada, una “otredad”, que problematiza la existencia cotidiana de los personajes.