Grietas de Luz : propuesta de intervención del complejo de San Francisco, Santiago de Cali
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Resumen en español
Un acontecimiento histórico disfrazado de tragedia. En la ciudad de Santiago de Cali, durante la madrugada del 25 de mayo de 2022, colapsó parte de la fachada de la capilla de La Inmaculada, ubicada en frente de la plazoleta de San Francisco, dónde también está ubicado el edificio de la gobernación del Valle del Cauca. La capilla de la inmaculada forma parte del complejo religioso de San Francisco, un conjunto de edificaciones patrimoniales, algunas originarias del siglo XVIII, que ocupan una manzana de aproximadamente 5,800 metros cuadrados, ubicado en el centro histórico de la ciudad, que es considerada la obra arquitectónica más importante de la comunidad franciscana colombiana, y edificación emblemática religiosa de la ciudad misma. Se estima que la razón de la caída de la fachada fue por las humedades filtradas en el muro hecho de bahareque, consecuencia de las temporadas de lluvias de la ciudad, y el peso acumulado del agua dentro del muro provocó el colapso de más de 20 metros de fachada. En la actualidad (mediados de 2025) la fachada sigue cubierta detrás de unos telares instalados en una estructura de guadua, que según se interpreta como estructura provisional que funciona de cerramiento para la obra de (reconstrucción o restauración), encargada por el Ministerio de Cultura. Esto ha dejado a la ciudad de Cali sin una de sus caras religiosas más icónicas, y con la incertidumbre de su destino escondido detrás de dichos telares que simulan un sentimiento de vergüenza y tragedia frente al acontecimiento. El colapso de la fachada de la inmaculada genera una oportunidad para cuestionar el abordaje de la intervención patrimonial en condición de ruina. Si bien lo que se ha considerado como “la manera correcta” apela a reconstruir el daño de forma que se interprete como si nunca hubiera pasado, este acontecimiento nos está invitando a la reflexión sobre la edificación, como materia física, y como símbolo. La idea del proyecto surge a partir de dicha grieta, generada por un accidente de condición natural, integrándose como elemento narrativo de la historia del edificio, que a su vez nos otorga una oportunidad de convertir el complejo religioso en un proyecto multi programático que haga conjugación con las dinámicas comerciales y culturales que se adjudican a un centro histórico digno, a través de una serie de intervenciones que respetan los elementos físicos propios de considerarse patrimoniales, y se diseñan a favor de ennoblecer dichos elementos, dotándolos de un carácter simbólico en su existencia. Estas intervenciones, además de adaptar lo preexistente a nuevos programas, respetando sus formas físicas originales, evitan la restauración tradicional basada en “corregir”, cuyo propósito surge de una inmediatez que busca volver al status quo, y evitan la rehabilitación irreflexiva que ignora el valor de la edificación para suplir una necesidad momentánea. Estas intervenciones buscan crear una intención poética en donde los defectos accidentales de la edificación, producto de su mismo tiempo de existencia, coincidan con el mismo atractivo simbólico con que el edificio se ha puesto en un valor patrimonial en primer lugar.

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