Este texto trae algunas reflexiones sobre el lugar de lo femenino en nuestra cultura, tomando como punto de partida la recurrente estigmatización de la feminista como frustrada, asexuada y mal amada. Cuestiona las reacciones misóginas que la lucha por la emancipación de las mujeres ha provocado al largo de su historia y sugiere alternativamente la posibilidad de la construcción de una cultura filógina.