Las primeras disposiciones para la acción de los sacerdotes en estas tierras aparecen alrededor de 1545 y fueron elaboradas por el Obispo de Lima Fray Jerónimo de Loaysa. La naturaleza de esas disposiciones estaba asociada al espíritu que había guiado a España hacia la conquista, cuya consigna era la de predicar el evangelio y convertir a los naturales al conocimiento de la fe cristiana. En segunda instancia se recomienda a los sacerdotes tener especial cuidado con los indios, y fundar una casa a manera de iglesia para administrar sacramentos.