La obra de Michel de Montaigne se considera fundamental en vista que en ella se puede evidenciar el nacimiento del hombre moderno, particularizado a partir de sus capacidades de agencia y de autorreferenciación en función de un ideal en donde prima la búsqueda de la felicidad individual. En este panorama, uno de los aspectos que llama la atención tiene que ver con las disquisiciones en relación al conocimiento que tiene el hombre de sí mismo, el cual es necesario dilucidar en función de tener el sustento suficiente para hacerle frente a los avatares de la existencia individual y social. Para Montaigne, el rastreo de la identidad supone una movilización permanente, un ejercicio constante de inmersión en las profundidades del yo para sacar a flote aquellas señales que posibiliten ilustrar lo que significar ser un hombre; señales que permiten que se autoinvente, imprimiéndole múltiples significaciones a su vida, a su entorno y a su relación con los demás