Uno de los elementos esenciales de la muerte, es la vida, esta última envuelve términos y consideraciones tan extensas que es difícil precisar o buscar un significado objetivo, pero sí puede ser analizada desde la subjetividad, en este caso, de un autor, que con sus obras no pretende caer en obviedades, sino cuestionar una mirada aniquiladora que intenta mostrar la muerte como el caos individual y colectivo, donde la vida se reduce a una insignificante secuencia de momentos. En ese sentido, parece ser que el escritor Tomás González toma partido y devela, en el grueso de sus obras, una visión vital, donde la muerte aparece como una simple anécdota ante el predominio de la vitalidad de la vida.