La enfermedad arterial periférica (EAP), después del infarto agudo miocardio (IAM) y el accidente cerebrovascular (ACV), es la tercera causa de morbilidad y mortalidad cardiovascular aterosclerótica en todo el mundo (1). La EAP en los países occidentales es responsable de la discapacidad y el deterioro funcional de quienes la padecen (2). Se calcula que 202 millones de personas en el mundo se ven afectadas por la enfermedad, de las cuales se espera que 45 millones mueran por enfermedad coronaria o cerebrovascular durante un período de 10 años (3). Aunque el número de individuos con EAP ha aumentado en la última década en un 28,7% en países de ingresos medianos o bajos, se han realizado pocos estudios epidemiológicos para establecer estimaciones confiables de prevalencia y distribución de factores de riesgo; especialmente en América Latina, donde las enfermedades cardiovasculares (ECV) se han convertido en la principal causa de muerte y discapacidad.