El secuestro político efectuado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fue una estrategia de presión política, que tenía como objetivo persuadir al gobierno de turno de una negociación que concluyera en un intercambio de prisioneros de guerra. Se plantea que, aunque el grupo insurgente, considerado como una organización racional, evaluó los costos y beneficios que le traerían la ejecución de esta acción, ocurrieron una serie de eventos externos e internos a él, que le llevaron a desistir públicamente de la estrategia emprendida años después. Este trabajo presenta un ejercicio desde la teoría de juegos como estructura analítica, para analizar la interacción que hubo entre el grupo guerrillero y el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, a lo largo de la ejecución de esta práctica criminal, y su relación con los resultados que trajo sobre la organización armada.