La presente adaptación cinematográfica de La forma de las ruinas de Juan Gabriel Vásquez incluye de la novela tantos detalles como le resulta posible. Pero también, y quizá ante todo, reconoce las diferencias entre los lenguajes implicados, es decir, el lenguaje literario y el lenguaje cinematográfico, y no teme actuar en correspondencia. Es más, celebra cada una de sus exclusiones, sus inclusiones y sus modificaciones, porque a través de cada una manifiesta que posee, como cualquier otra adaptación, suficiente autonomía. De ninguna manera se considera un producto residual de la novela.