La historia de la humanidad ha estado vinculada, necesariamente, a cambios paradigmáticos que han determinado la forma de ver (ontología) y abordar el mundo (epistemología). Con ello, las dinámicas sociales, económicas, políticas y culturales han variado ostensiblemente entre una etapa y otra. Por supuesto, la cuestión territorial (el territorio y su ordenamiento) no ha sido ajena a esta dinámica. En concomitancia con ello, cada etapa de la vida humana se ha caracterizado por una forma de concepción y administración territoriales particular, en donde el Estado, la comunidad y la escala geográfica se convierten en categorías claves que permiten leer e interpretar las relaciones y dinámicas (sean diferenciales o continuas) que se han dado en cada una de ellas. No obstante, la emergencia de una etapa o paradigma no desecha completamente a su antecesor, sino que, en algunas ocasiones, recoge parte de sus características, lo que lo hace más complejo