Memorias de una historia mal contada
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En el 2016, debido a una condición médica, mi padre pierde la capacidad de expresarse de forma oral y escrita, lo que limita nuestra comunicación. Tres años más tarde fallece. En un intento por preservar en la memoria el sonido de su voz, recurro a una compilación de 19 casetes de Video8 que él grabó entre el final de la década del ochenta e inicios del nuevo siglo. Observar este material me lleva a dialogar con mi padre a través de la forma en la que usaba la videocámara: lo que dicen sus planos y la relación entre las imágenes yuxtapuestas en un mismo casete. De cierta manera, lo que está y lo que se hace invisible me presentan una materialización de los pensamientos de mi padre. Sin embargo, encontrarme con estas imágenes me hace navegar dentro de mí mismo y cuestionarme: ¿Por qué observo lo que observo? ¿Por qué he decidido guardar estos casetes? ¿Cuál es el interés en buscar un recuerdo antes de que se desvanezca? El archivo familiar, entonces, pone en conversación el eco de la voz y las ideas de mi padre, preservadas años atrás, frente a mi propia voz e intereses actuales; descubrirlo a él es encontrarme a mí. Ahora bien, mientras reviso el archivo familiar para construir una película sobre la relación con mi padre, me encuentro con que una patología congénita que tengo podría derivar en una futura enfermedad neurodegenerativa, como el alzhéimer. Esto haría que todas estas imágenes y palabras se conviertan en un enorme enigma para mi «yo del futuro». En ese sentido, Memorias de una historia mal contada navega sobre los conceptos de memoria, familia, archivo y olvido. La película se constituye en una compilación de historias familiares que sirvan de refuerzo a mi memoria cuando el alzhéimer me esté matando, porque el olvido es una segunda muerte.